Revisión publicada por el Dr Edgardo Sandoya en la Rev Urug Cardiol 2007; 22: 53-71.

INTRODUCCIÓN
A principios de la década de 1980 los tratamientos empleados en el manejo de las enfermedades cardiovasculares habitualmente carecían de una evaluación apropiada de su eficacia y seguridad.
Drogas como la digital, indicada por 200 años en el tratamiento de la insuficiencia cardíaca, o la nifedipina, uno de los antihipertensivos más empleados en ese entonces, se administraban sin saber si reducían o aumentaban la mortalidad. Esto sucedía porque hasta ese momento los estudios clínicos evaluaban el efecto de los fármacos sobre variables intermedias como presión arterial, arritmias o colesterol, pero no estaban diseñados para determinar su impacto en la mortalidad.
A mediados de los 80, el Instituto Mario Negri de Milán y la Universidad de Oxford implementaron la investigación clínica de poblaciones, la que vendría a cambiar esta situación.
Estos grupos desarrollaron estudios clínicos randomizados de diseño simple pero metodológicamente riguroso, para tratar de dar respuesta a problemas importantes del área cardiovascular.
Este tipo de investigación clínica implicó un cambio de paradigma en relación con lo que era la investigación hasta entonces ….
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